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Césped natural o artificial: cuál elegir
Césped natural o artificial en un jardín del norte de Madrid: agua, uso, sombra, calor y mantenimiento. Lo que miramos antes de recomendar uno u otro.
Es una pregunta habitual. No hay una respuesta buena para todos los jardines, pero sí unas cuantas preguntas que ayudan a decidir. Aquí van las que nos hacemos nosotros cuando vamos a ver un jardín en Cobeña, Algete o Sanse.
¿Cuánto se va a pisar?
Si hay niños jugando al balón o perros corriendo todos los días, el césped natural sufre. Se hacen calvas en las zonas de paso y en las porterías improvisadas. Un buen césped natural se recupera, pero necesita tiempo y algo de resiembra cada temporada. El artificial aguanta el uso sin calvas, aunque con los años la fibra se aplasta en las zonas de más paso.
¿Cuánto sol y cuánta sombra?
El césped natural necesita luz. Bajo árboles grandes, en patios estrechos o en el lado norte de la casa, crece ralo y acaba lleno de musgo o de tierra. Ahí el artificial suele ser mejor opción.
En el extremo contrario, el artificial expuesto a pleno sol en julio se calienta mucho. En una terraza orientada al sur puede llegar a quemar al pisarlo descalzo. Un riego corto lo refresca, pero hay que tenerlo en cuenta.
¿Cuánta agua quieres gastar?
En el norte de Madrid el verano es largo y seco. Un césped natural verde en agosto necesita riego frecuente, bien repartido y a las horas buenas. Si el agua te preocupa, hay término medio: menos superficie de césped natural, solo donde se usa, y el resto con plantas que beban poco, grava o acolchado. El artificial no necesita riego para crecer, solo algo de agua para limpiarlo y refrescarlo.
¿Qué mantenimiento estás dispuesto a hacer?
El césped natural pide siega frecuente en primavera, ajustar la altura de corte en verano, abonar, resembrar calvas en otoño y vigilar el riego. Es trabajo, pero es trabajo agradable si te gusta el jardín, o algo que podemos hacer nosotros con un mantenimiento periódico.
El artificial no es “cero mantenimiento”. Hay que quitar hojas y restos, cepillar de vez en cuando para levantar la fibra, limpiar si hay mascotas y vigilar que no salgan hierbas por los bordes.
Lo que no se ve importa más
En los dos casos, el resultado depende de lo que hay debajo.
- Natural: tierra trabajada, sin piedras ni escombro, con buen drenaje. Y un riego que cubra toda la superficie sin encharcar. Si se pone en tepe, hay que regarlo mucho las primeras semanas.
- Artificial: terreno nivelado y compactado, una base que drene y malla antihierbas. Si la base falla, el césped se ondula y se forman charcos.
Tepe o semilla
Si eliges césped natural, puedes sembrar o poner tepe. La semilla es más económica, pero solo funciona bien en primavera y otoño y tarda en cerrarse. El tepe da un césped hecho en pocas semanas y se puede poner en más épocas, siempre que se riegue bien al principio. En la foto de este artículo se ve un tepe recién colocado.
Una regla práctica
En un jardín soleado de chalet, con espacio y uso familiar, suele funcionar bien el césped natural en la zona que se usa y plantas de bajo consumo en el resto. En terrazas, patios sombríos, franjas estrechas y rincones difíciles de regar, el artificial tiene más sentido. Y a veces la mejor respuesta es combinar los dos.
Si quieres que lo veamos en tu jardín, mira nuestros servicios de césped artificial y de diseño y reforma de jardines, o llámanos.